Del diálogo a la negociación

En artículos anteriores hemos escrito e insistido en la necesidad de aprender a escuchar. Escuchar a conciencia implica enfocar la atención en el discurso y acallar las voces interiores, permitirnos recibir el mensaje sin prejuicios. Todos tenemos creencias, suspicacias que no nos permiten aceptar cabalmente los mensajes para registrar, entender, recordar y, posteriormente, analizar. ¿Qué nos dicen esas voces interiores? Frases como: “quién se cree que es este que habla”, “no me dice nada nuevo”, “va a decir las misma pavadas de siempre”, “es un… (tal o cual)”, “por qué tengo que escuchar”, “no pertenezco aese partido así que no quiero escucharlo”, entre tantos otros comentarios que surgen en nuestras cabezas. Esas voces no son inocentes, inocuas. Vienen cargadas de emociones, de sentimientos diversos. Si les permitimos interferir en la escucha, nos distraen, hacen ruido, van a capturar nuestra atención y no nos dejarán escuchar libremente. Es difícil, sí. Pero escuchar es una habilidad, por lo tanto se entrena.

Por otra parte, debemos despojarnos de ideas preconcebidas, de preconceptos que impiden tener una comunicación fluida. Algunos ejemplos: “si discutimos, es para pelearnos”, “dialogar es una pérdida de tiempo porque cada uno va a seguir creyendo lo que quiera”, “¿para qué debatir si cada uno ya tiene una posición tomada?”, “no negocio, no pienso cambiar lo que pienso”.

¿Es lo mismo dialogar que discutir? Según algunos autores, hay sutiles diferencias entre los dos. 1 2
Dialogar es tratar de aclarar, echar luz, iluminar los temas o ideas sobre los que seintercambian puntos de vista. Los participantes proporcionan informaciones, ejemplos, opiniones. Nadie gana la partida pero todos ganan, se enriquecen en ese intercambio.
Discutir es básicamente lo mismo pero, en ese intercambio de datos y opiniones, cada interlocutor, o grupo de interlocutores, buscará tener la razón, ganar la discusión.

Puedehaber, en ambos casos, intercambio de informaciones, contrastación de ideas, conocimiento de datos. La discusión puede darse sobre temas cotidianos: el partido de fútbol del domingo, la mejor manera de hacer un asado, cuál fue la mejor murga del carnaval u otros más complejos, que requieren información certera, no solo opiniones: vacunar a los niños o no, el voto consular, la censura o limitación a las informaciones…

Del diálogoa la negociación media un largo camino. Veamos primero si podemos desarmar las falacias, las falsas creencias.

Diálogo y discusión

“Si discutimos, es para pelearnos”. Si el foco de la discusión se centra en el tema a discutir y no se deja ingresar el insulto personal, la descalificación del otro que discute : ​ “vos no podés hablar porque sos un facho // un tarado //un atorrante…” ​ , habremos dado un pequeño paso hacia el juego limpio. El foco está puesto en el tema, no en las personas que intervienen.

“Dialogar es una pérdida de tiempo”. No lo será si nos permitimos escuchar las diversas opiniones . Para ello, reitero, debemos silenciar las voces interiores que se resisten a prestar atención y que van a negar lo que el otro diga aún sin escuchar lo que dice. Es difícil, sí. Con un poco de entrenamiento y voluntad, se puede. Si lo logramos, habremos incrementado nuestro potencial para debatir más adelante.
Sabremos las opiniones del otro, tendremos la información que maneja y podremos conocer mejor a la persona que habla.

Permitir y respetar los turnos del habla ordena las discusiones, las organiza. Cierto es que como latinos que somos, a veces nos volvemos pasionales y las voces se superponen, pero hay que saber hablar, callar y escuchar. Las emociones están presentes en nosotros y mucho más durante una discusión pero controlarlas es necesario para que “la sangre no llegue al río”.

Luego del diálogo y de las discusiones llegará el debate, tema del que hablamos en el artículo anterior. El debate es confrontación y defensa de ideas y posturas tomadas. El debate es una lucha de ideas, de retórica, de argumentaciones. ¿Para convencer al oponente? No. Para convencer al que presencia ese choque de ideas. Para convencer al votante. El votante a la vez deberá estar preparado para filtrar y “separar la paja del grano”, para reconocer falacias, filosofía barata, frases y palabrería hueca, promesas fáciles, jugadas “para la hinchada”, arrullos que adormecen. Se puede y se debe educar en este sentido.
La democracia necesita votantes preparados, no fanáticos, no hinchas, no fieles ciegos.

Luego de tomar postura se estará preparado para dar el siguiente paso: la negociación.

Negociar no es debatir. Es un intercambio más profundo en el que las partes negociadoras piden y a la vez están dispuestas a conceder. La idea central en la negociación es llegar a acuerdos.

Cuando se escucha decir que una de las partes que se sentará a la mesa de negociación irá con una postura firme es momento de planificar, repensar o replantear la negociación que se va a poner en marcha. Los que negocian podrán pasar por momentos de diálogo y de debate pero si se quedan posiciones inamovibles no llegarán a realizar una negociación eficaz. El que no está dispuesto a ofrecer algo a cambio de lo que pide, no podrá negociar.

¿Qué pretenden los ciudadanos votantes a cambio de su voto en la urnas?
¿Qué ofrecen los políticos a cambio de esos sufragios?

Se puede pagar muy caro por un futuro no deseado si no pensamos que votar es un acto sublime de negociación en democracia.

1 http://www.inteligencia-emocional.org/trabajoyempresa/dialogoydiscusion.htm
2 https://definicion.de/dialogo/

*   *   *

Comenta en Facebook

Una respuesta a «Del diálogo a la negociación»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *