A propósito de «CATS», el musical

Días pasados tuve oportunidad de ir al cine y ver, aquí en Montevideo- Uruguay, el musical “CATS”.

Si han tenido oportunidad de leer algunas críticas sabrán que se la ha catalogado como de lo peor que se ha visto en los últimos tiempos.

Contra todos los comentarios espantosos que ha tenido en Europa y Estados Unidos aquí va mi opinión.

La película conserva la idea de representación teatral, recuérdese que llevó muchos años en cartel en Broadway y en Londres. Las canciones se han mantenido fieles a la época en la que fueron creadas, los años 80 del siglo XX.

Es una fábula, en la que los animales cantan, hablan, bailan y como tal hay que tomarla. Es fantasía apta para todo público aunque a los niños hiperactivos del siglo XXI podría resultarles aburrida.

Y quiero insistir en este punto, es fantasía basada en un libro de T.S. Eliot de 1939.

Es un cuento cantado y en general bien cantado y bailado. El zapateo del gato Exprés, la delicadeza del ballet y la inocencia angelical de la gatita Victoria, la sensualidad apta para todo público de la gata interpretada por Taylor Swift, son puntos altos.

Tan ingenua es la magia que Taylor Swift reparte a manera de polvo mágico Catnip, o sea hierba gatera que produce un efecto, real, de excitación en los felinos. La idea de que se reparte droga en una noche de excesos, está en la cabeza de los adultos.

Quienes tenemos gatos o aprendimos a conocerlos sabemos que es al caer el sol cuando los gatos están más activos, por esa razón toda la trama transcurre durante una noche.

El maquillaje digital está muy bien logrado, al igual que los movimientos de las orejas y colas, que no se ven rígidas nunca.

¿Qué es lo horrible de que la mayoría de los gatos estén desnudos? Así los vemos a diario ¿o tenemos vestidas a nuestras mascotas? Algunos personajes de la película tienen collares similares a los antipulgas, otros collares de identificación…

Que están en un basurero, sí. Muchos gatos viven en la calle. Por otra parte, los gatos no se reúnen, se enfrentan, ni tienen encuentros sexuales en el living de casa.

Que el gato representado por Ian McKellen toma agua directamente de un plato ¿y? La escena no es vergonzosa, se entiende que es un gato y actúa como tal.

Que hay ratones que bailan y cucarachas que desfilan ¿y?

Es un cuento de fantasía y todo lo que se le encuentra de raro y extravagante es lo que le podríamos encontrar a muchos cuentos clásicos. Si se quiere, para citar un ejemplo: “El Mago de Oz”

Lo que merece un comentario aparte es la subtitulación al español para América Latina: es realmente pésima. Al igual que los nombres bastante pobremente adaptados de los personajes y difíciles de recordar.

Un musical no es un espectáculo para cualquiera. Al que vaya a verlo le debe gustar y entender el género.

La historia de “CATS” es original aún para nuestros tiempos. Vale la pena, más aún en un momento de tanto hablar de los derechos de los animales. Si los gatos pudieran, estarían orgullosos de estar así representados, con sus virtudes, sus caprichos y sus penas.

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Les dejo algunas transcripciones de las críticas

Publicado por la BBC

«Cats -la película basada en el famoso musical que se estrenó esta semana- ha sido lo peor que le ha pasado a los gatos desde los perros», escribió el crítico de cine Edward Douglas en la revista Comic Beat.

«Cats es una orgía de pelos en un basurero», escribió por su parte Mark Collider en la revista Collider.

«No es posible considerarla una buena película. Pero no quiero invitar a que se la odie. Es un animal callejero feo que huele mal y que sin duda no debe ser invitado a casa. Sin embargo, es en su especie un tipo de criatura viviente, digna de al menos cierta compasión básica», escribió el crítico de Vanity Fair Richard Lawson.

Pero tal vez uno de los mayores problemas esté en los efectos digitales: la mayoría de los protagonistas, que emulan a gatos que habitan en una calle, tienen cuerpos de felinos digitales que han generado rechazo entre muchos espectadores.

En Espinof, una publicación digital, Jorge Loser escribe

El resultado de mezclar gatos antropomorfos con caras de humanos reales utilizando la tecnología digital crea un constante repelús subconsciente del que la película no puede escapar, por lo que aunque resulte ridículo y divertido, hay un caminar por el filo del valle de lo inquietante de Freud que, durante los primeros diez minutos, parece una idea terrible. Una vez te acostumbras, quedan los extraños movimientos del ballet y las coreografías, que parecen una danza sexual que despierta sensaciones que el cerebro no puede procesar.(…) El movimiento entre digital y verdadero de humanos desnudos con una piel de pelo suave crean una erótica zoofílica muy conflictiva y la acumulación de cuerpos desnudos con movimiento felino parece sacado de alguno de los musicales erotómanos y surrealistas de Ken Russell.

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